Chi

 

Es la fuerza vital, la energía primaria que une todas las cosas.   Es dinámico, circula de manera invisible a través de los diferentes espacios afectando nuestra vida. El Feng Shui trata de capturar, manejar o controlar el Chi para que éste sea positivo y benéfico.  El buen Chi es también la fuente de buena salud, paz y prosperidad. Le da vida a todo lo que nos rodea, fluye a través del cuerpo humano, recorre cualquier forma y material, acumulando y dispersando, en permanente movimiento y cambio.

 
El ser humano está formado por el Chi del Cielo y el Chi de la Tierra.

El celestial es la energía cósmica que une el Universo y nos explica la influencia de los planetas en el destino humano. El  terrestre viene de nuestro entorno y sus formas: paisajes, montañas, ríos, valles y también de la creación humana: edificios, calles, túneles, caminos,  también es el campo magnético de la tierra, que los chinos identificaron hace miles de años y esto los llevó al descubrimiento de la brújula. El Chi Vital es el que cada uno de nosotros poseemos y que circula por nuestro cuerpo, también son nuestros actos y pensamientos. También corresponde a lo que hacemos con nuestra vida, a nuestras elecciones, a la hora de tomar una responsabilidad.

 

El Chi se condensa y se dispersa, en ciclos alternativos de energía positiva y negativa (Yin y Yang), y se materializa en diferentes formas y aspectos. No se puede crear ni destruir. En cambio, el Chi se transforma y reaparece en nuevos estados de existencia. Según esto, todos los estados de existencia son manifestaciones temporales del Chi, especialmente los de la materia física.

 

El Chi humano difiere en calidad y cantidad en todas las personas. En ocasiones el Chi puede bloquearse, lo que ocasiona enfermedades. Es idóneo que el Chi del ser humano esté en concordancia con el del entorno. Esta armoniosa interacción de estos dos tipos de Chi es de lo que trata el Feng Shui.

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